CADENA DE VALOR
La Cadena de Valor es una profunda Red de Valores
Editorial
Cada vez que hacemos referencia a los procesos o actividades de una empresa, ordenados a contribuir a la creación de valor a lo largo del ciclo de vida de un producto o servicio, estamos hablando de que la organización pone en marcha una cadena de creación de valor.
Así, un trozo de mineral bruto pasa tras muchos procesos a ser una pieza forjada, mecanizada y pintada que luego –junto a otros elementos- se transforma en una parte vital de la suspensión de un automóvil. Aquí no quedan dudas de que se ha cambiado el valor inicial, se lo aumentado notablemente. Incluso al punto tal que se puede hablar, en muchos casos, de un verdadero proceso de multiplicación de valor.
Ahora bien, aunque se pensaran los procesos de la forma más lineal y simple posible, todos sabemos que sobre ese trozo inicial de mineral bruto han actuado un sinnúmero de procesos sucesivos o simultáneos que han logrado darle utilidad y valor.
La inteligencia humana (posterior a la generosidad de la naturaleza) ha desarrollado cada una de las etapas de transformación del mineral en esta pieza compleja. Podemos decir, entonces, que lo que en definitiva se ha hecho es agregar valor sobre valor, de una manera compleja y sucesiva, a un primer elemento de valor. Primero debió haber existido un valor inicial, en este caso la materia prima a extraer –Capital Ambiental-; luego es necesario saber qué y cómo hacer algo con ella, y aparece el valor inteligencia, conocimiento y trabajo –una parte vital del Capital Social-; y sobre ellos los recursos que permiten que los proyectos se hagan realidad, se construyan las maquinas y las herramientas necesarias, las fábricas, se pague el valor del trabajo humano, etc. -Capital Económico y Financiero-.
Es decir que una cadena de valor siempre supone la intervención necesaria y oportuna de una serie de factores claves, que emanan a su vez de una tríada proveedora, cuyas partes no pueden sustituirse o reemplazarse entre sí. Así, reconocemos que hace falta una triple existencia de fuentes de valor para crear valor.
En esto radica uno de los puntos germinales de la RSE. Tal como se la entiende y concibe hoy, la creación de valor, si es inteligente, si es responsable, si es honesta, debe cuidar, tributar, sostener y acrecentar esas fuentes. Por lo tanto, Responsabilidad Social Empresaria (RSE) es gestionar cuidando el necesario equilibrio que permite alcanzar -hasta donde nos sea posible como personas y como generación- una Triple Creación de Valor en lo que hacemos a diario.
Actuar obviando la existencia de esta triple fuente esencial puede permitirnos la ilusión de obtener una relativa ventaja temporal. Pero, más temprano que tarde, nos daremos cuenta que sin cuidar el Capital Ambiental y el Capital Social quedaremos presos de nuestra propia torpeza. Sin poder avanzar y, lo que puede ser peor, sin siquiera poder mantener las “ventajas acumuladas”.
Una gestión cuidadosa, que entiende la necesidad del equilibrio y por ende trata de buscar en cada decisión la forma de crear triple valor, es una gestión basada en algún tipo de creencia o consideración firme: está asentada en valores. Esos valores, que se pueden hacer visibles en cada una de las etapas de la cadena de creación de valor de una empresa, son los que están por detrás de cada una de las infinitas “formas de hacer” que se reúnen y actúan sobre las cadenas de valor, que a su vez se cruzan e intercambian para crear la complejidad de bienes y servicios que hoy utilizamos a lo largo del planeta.
Ya no resulta fácil encontrar cadenas simples de valor ya que, a medida que la tecnología y los procesos se hacen cada vez más complejos, siempre concluimos en la necesidad de pensar de una manera holística, para comprender que estamos inmersos en redes. Empresarialmente hablando, en redes de creación de valor; humanamente hablando, en redes de valores.
Elegir los mejores valores, hacer que rijan nuestras decisiones cotidianas, y por tanto lograr que éstos fluyan por las redes de las que formamos parte, haciendo que mejoren y mejoremos, ¡he ahí el desafío!

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